sábado, 11 de octubre de 2008

Nunca supe comer Campurrianas, hasta que me enseñaron a torcer la boca.
Pero me quitaron lo más divertido: sentir una inofensiva gotita de leche que corre por mi barbilla.

Seguí comiendo Campurrinas, pero era algo sin gracia.Por eso, he cambiado de galletas.

1 comentario:

Mirna vs Marla dijo...

siempre nos quedaran las "perrunillas"