Nunca supe comer Campurrianas, hasta que me enseñaron a torcer la boca.
Pero me quitaron lo más divertido: sentir una inofensiva gotita de leche que corre por mi barbilla.
Seguí comiendo Campurrinas, pero era algo sin gracia.Por eso, he cambiado de galletas.
1 comentario:
siempre nos quedaran las "perrunillas"
Publicar un comentario