Jimena era una mujer complicada.El tiempo y sus malas compañías le habían hecho ser así.Un día conoció a un tal Jeffrey.El le llenó la cabeza de pájaros y de mariposas el estómago.Con solo palabras le hacía feliz.Nunca llegaon a tocarse, les separaba una enorme muralla de cristal.Podían verse y oírse.Pero no tocarse.Sin embargo a Jimena, le daba igual: sentía tanto amor y cariño que su piel se llenaba de puntitos con solo sentir su presencia.
Jeffrey había sido un pirata de esos con parche en el ojo izquierdo.Se había bebido todo el ron de los mares que surcaba con su gran carabela.Era un ser precioso.Su bondad era conocida en todas las fases rem de las pequeñas princesas de pompas de jabón.Había pasado por buenos momentos y malos.Sin ambargo la voz de Jimena le causó gran impresión, no era tan insoportable como él de adjudicaba que era.Y sus experiencias no le habían mutilado su capacidad para amar.No le había dado importancia a ello.No había reparado hasta el momento en su habilidad amorosa.Relamente era sensible un cachito de pan.
Ambos se amaban con tal pasión que el cristal no era impedimento durante algún tiempo.Un día, ella, sintió rabia de sí misma porque quizá estaba ocnfundiendo sentimientos y personas.No quería hacer daño a Jeffrey así que se marchó.Pero no lo hizo sin antes dejarle un baul repleto de cariños, besos dorados y sonrisas.El lloró y Jimena se auto castigó por no saber si sus lágrimas habían sido dulces o saladas.
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